← Back to lettersSeñor Villagrasa:
Estimado señor:
Como recordará, ya que le he escrito varias veces, soy el hombre que le envía los estudios que suministran los señores de OUMMO. Como ha pasado mucho tiempo, ignoro si ha olvidado el asunto y ha llegado a creer que todo esto es una impostura o algo relacionado con espionaje u otra cosa similar.
Si es así, es mejor que no le dé importancia y que rompa esta carta, porque yo, aunque me dirijo a usted y todavía no me atrevo a tener una entrevista con usted, me he decidido a escribir esta carta-circular (nº 1328) a las personas que figuran en la lista (nº 1329), que son ingenieros o titulados y que son los únicos que pueden estar interesados y entender este problema.
El hecho es que hace casi un año que no veo a estos señores, y desde esa ausencia real o irreal he descubierto otras cosas relacionadas con este asunto y me gustaría que supiera cuál es mi opinión al respecto.
Es cierto que puede decirse que el asunto es demasiado grave para que mi pobre opinión tenga importancia, pero también es verdad que estoy entre la espada y la pared, y no sé qué hacer. Ciertamente, la tentación de olvidar este asunto, que me ha causado más problemas que otra cosa, es muy grande, y mi esposa también lo piensa, aunque estando más cómoda, a la larga tal vez sea peor.
Voy a hablar de estos informes.
Sabe que el último día de mayo del año pasado (1/6/67) se fueron prácticamente sin despedirse (S.J Valdéras). Algunos debían venir del extranjero para ello, y estoy seguro, incluso con su "chêvetaine", simplemente porque ella se había detenido en mi casa.
Pero aquí surge mi primera duda sobre qué debo hacer. Justo unos días antes, me habían dictado muchos documentos. El que más había venido era el señor "DEI-98". Se sentaba en el comedor conmigo y empezaba a dictar muy lentamente, porque yo, en realidad, no mecanografiaba rápido. Me decía el espacio que debía dejar para fórmulas o para dibujos. Luego leía las hojas y a veces tachaba párrafos enteros.
Me había hecho comprar una caja de lápices de colores que aún conservo, luego ellos se sentaban, él y su acompañante, y empezaban a dibujar. Él y el señor "DAA-3" se dedicaban maravillosamente al dibujo. Casi ninguno usaba regla y dibujaban aparatos con gran rapidez. Después me dejaban los papeles en una carpeta y anotaban en una agenda (nº1330) la fecha en que debía enviarlos y a quién.
Hacía dos copias, como me pedían desde que confiaba más en ellos. Y después, cuando terminaban, sujetaban hojas y dibujos con una pequeña pinza metálica, colocaban el paquete bien fijado sobre la mesa y lo fotografiaban.
Cuando faltaban como máximo dos o tres días y debían venir de nuevo a dictar la fecha en la que debía enviar por correos las cartas y documentos, volvían a leer las páginas y sacaban una especie de anillo que se ponían en el dedo y yo les daba un sello para que pusieran su sello. Luego cerraban el sobre listo para enviar. Pero a menudo cambiaban de opinión y pedían que se tachara el envío en la agenda. Por eso guardé en mis manos varias cartas y estudios (n.º) que no debían ser enviados, a veces porque el destinatario había escrito claramente que no le interesaba, o porque se había ido al extranjero y otras veces sin decir por qué, aunque no era tonto y me lo imaginaba. Así, cuando llegaba el día (1/6/67), me pedían una serie de cosas entre las cuales estaba hacer pequeños paquetes (n.º 1332) con grapas y los documentos y estudios más (n.º 1333) aquellos cuyo día habían fijado en la agenda para ser entregados. Pero por otro lado, siempre me habían dado la instrucción de que si no confirmaban en los días previos el envío, no debía hacerlo, y ahora era el caso. Se fueron de repente sin despedirse (fecha de la agenda n.º 1329) dejándome hojas y hojas con sus instrucciones, y en otras ocasiones me habían dado la orden de entregarlas obligatoriamente, y otras veces solo me habían dicho, mucho antes, la fecha pero sin confirmar la entrega. Al ver que los días pasaban sin noticias, me desanimé. Pero uno de mis familiares también me aconsejó y finalmente decidimos lo que teníamos que hacer, porque el asunto era grave: esperar un tiempo más y luego llevar toda la documentación (n.º 1334) que teníamos y además pruebas (n.º 1335) de gran importancia al ministerio y contar todo a las autoridades. En caso de que ellas aún no supieran nada en esas fechas. Decidimos también borrar anteriormente las copias de los documentos vuestros nombres a todos y romper las listas para no comprometer a nadie en este asunto. Y después, si las autoridades lo permitían, publicar un libro explicando todo a la nación. Discutíamos si era mejor romper el secreto antes o convocar una reunión con los interesados, pero era chocante en ambos casos porque ya en una ocasión, conjuntamente con un profesor de Madrid que los conoce, nos habían dicho que hiciéramos dicha reunión y luego tuve una contrariedad seria con los señores de OUMMO, quienes dijeron que sería grave lo que resultaría de desobedecer el único favor que nos pedían, que era el secreto. Además, parece que muchos de vosotros, los que reciben sus documentos, dijeron que a toda costa no querían que nadie fuera informado ni unos ni otros por miedo al ridículo y otros por otras razones. Pero está claro ahora que no podemos mantener este secreto toda la vida y lo que planteamos es que si realmente se han ido para siempre, ya no tengo obligación de obedecerles pues no les podría perjudicar entregar la noticia, que era un escrúpulo que tenía, y no solo porque siempre han sido correctos conmigo, sino que aunque no hubiera sido así, sería respetar su voluntad ya que la única bondad que mostraban bastaba para merecerlo. Pensamos hacer todo esto, pero a mi regreso de Andalucía, después de varios meses, el otro día con mi cuñado fui a ver a un señor para ponernos de acuerdo. Es posible que conozcáis a este señor porque últimamente ha escrito a algunos de vosotros sobre este asunto. Así que si ya conocéis su opinión, es justo que escuchéis también la mía, porque creo que debía, antes de escribir, advertirme ya que ha hablado de mí y además sabiendo que por el secreto de este asunto, no puedo defenderlo pues no estoy de acuerdo. Este señor conoció a los de OUMMO después de mí. Ellos lo eligieron en una época en que tenían tantas cosas que dictar que yo, que no era muy rápido con la máquina, estaba desbordado, y aunque me dejaba mi trabajo. Al principio, sabía que había otros que escribían para ellos pero no me dijeron el número, cosa natural por el secreto que imponían a todo eso y yo no les preguntaba. Pero un día vino con un señor de OUMMO que había venido a España desde América y me lo presentó. Me pareció un hombre muy tímido y muy reservado. Desde entonces fui a su casa y él vino a la mía a traer documentos escritos ya que yo era quien debía entregárselos, y con eso no quiero decir que confiaran más en mí que en él. Este señor parecía tener mucho miedo de todo eso porque al principio no le gustaba mucho hablar y creo que en realidad no llegaba a creer que esos señores venían de otro planeta, pero no se atrevía a decirlo delante de mí, porque yo siempre estaba entusiasmado y hablaba siempre bien de ellos, lo que es natural. Por otro lado, entiendo que si le pagaban bien le convenía callar y, como se dice, hacer la vista gorda. En una ocasión, habían dejado Madrid y creo también España, porque por los informes que me dictaban entonces, me saldaron la cuenta. Luego proyectamos hacer una reunión para considerar ponernos de acuerdo sobre qué hacer porque el asunto se volvía grave y afectaba a muchas personas y yo también tenía la lista de varias otras que también eran sus correspondientes. Logramos ponernos de acuerdo y contactamos con un médico muy conocido que también era profesor y que conocía a los de OUMMO. Lo invité y presenté al médico que estaba más entusiasmado en organizar la reunión que mencioné invitando a personas muy importantes y también al mecanógrafo mediante varias copias de la carta que este médico escribía invitando a todos a ponerse de acuerdo. Pero desde que tengo
29/04/18 tejidos de los hombres de Oummo que Velázquez negó. De igual manera Tamarit y Gallego, inte
Lettre Ummite#909