← Back to letters
Lettre Ummite#840

Carta Ummo 840

29/04/18 hacían alusión a muchas de esas noticias de periodistas que eran alucinaciones de la gente o confusiones con aviones o globos. Se lo repito, Don Dionisio, lo que le dije a su esposa; cuando hablé con ella estaba sin saber qué hacer con ese asunto. Si pasa un año sin que sepamos nada de ellos, doy mis pruebas y las dirijo a un ministerio. Es cierto que sobre eso podrían decirme por qué no hice mi declaración antes, ya que ustedes sabían que eso no era moral. Le he confesado estas cosas y puede reconocer que tuve razón. No se ofenda si le digo que a menudo pensé, y lo he discutido con mi esposa, que usted era un vínculo entre ellos y el gobierno. Porque de todos a quienes escribían, el único comisario de policía es usted. Si es así, eso me quita un peso porque prefiero no involucrarme en un asunto tan grave. Sin embargo, recuerdo un día en que el señor Déi número noventa y ocho se presentó y me respondió muy secamente: su hermano, - se refería a usted ya que nos llaman hermanos entre nosotros - no está involucrado en relaciones de esta naturaleza con el gobierno español. Este asunto, Don Dionisio, ha cambiado toda mi vida. A veces no sé si todo no ha sido solo un sueño, si no fueran mi esposa y mi cuñado quienes fueron testigos de todo. A veces mi cuñado, que terminó por creerles, empieza a dudar y me dice: ¿No pertenecerán acaso al gobierno? ¿o extranjeros con un propósito desconocido para nosotros? ¿no serviste de coartada para un asunto extraño? Dudo entonces un momento pero recuerdo tantas cosas que no encajan, que no concuerdan con ese punto de vista. Porque entonces me parece tan romántico, aún más que el otro, y quedan en el aire tantas y tantas preguntas que no pueden ser negadas si se cree otro punto de vista. Además digo que, si fuera así, no se presentarían como provenientes de otro planeta, lo que provoca más escepticismo que la otra fórmula y más sospechas de mentira. Además queda que los conocí, que hablé con ellos, que vi su bondad, su comprensión, y uno se da cuenta de que no es posible que mientan. Eso los demás no pueden entenderlo, como le dije a su esposa. Lo mejor es callar frente a los demás, porque sobre eso, uno se expone al ridículo o a ser tomado por loco. Además haría lo mismo si dentro de dos años un hombre viniera a contarme esa fábula. Lo mejor es que cada uno viva su vida o se vuelva idiota, yo desde ese asunto he cambiado mucho de mentalidad. Bien; le prometo enviarle esos documentos. Aunque como trato con varios señores, puede tardar algunos días. 838 / 1373