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Lettre Ummite#841

Carta Ummo 841

29/04/18 E7 Traducción? D138 No hay original disponible Última modificación: 03/04/2018 T7-15 a 18 Título de la carta: Vicisitudes del mecanógrafo con los Ummitas Fecha: 12/11/1967 Autor: Uno de los mecanógrafos (anónimo) Destinatarios: Señora Alicia Araujo Idioma original: Español Notas: Cabe señalar que el estilo y el vocabulario de esta carta son completamente diferentes de los documentos dictados por los Ummitas. Aquí aún intentamos mantener el estilo. Esta carta fue recibida por la Señora Araujo, destinataria de las importantes cartas D58 (biogenética) enviadas en marzo-abril de 1967. Atención, este documento no es de origen Ummita. Fue producido por un terrícola en relación con el dossier Oummo. Señora D. ALICIA ARAUJO MADRID, 12 de noviembre de 1967 Estimada Señora, El 26 de junio comencé a escribirle una carta que al final no pude terminar, como su envío no era urgente, no la finalicé, y luego pasaron los días, mi esposa y yo nos fuimos de viaje, y entre unas cosas y otras hasta mi segundo regreso a Madrid, no me decidí a ordenar mis papeles para cerrar este asunto. Me propuse escribir personalmente a todos sus corresponsales (quiero decir a aquellos de Ummo que me dictaban) para enviarles los documentos particulares de química, biología, etc. Mi intención era que, si en el plazo de un año o un año y medio, estos señores de Ummo no regresan o no dan señales de vida, hablar con todos personalmente y decidir qué debemos hacer. Poseo pruebas de un interés verdadero y, aunque será bajo la condición de que se respeten mis derechos sobre la propiedad, no veré inconveniente en que el gobierno y los ingenieros los lean para estudiarlos. Por un lado, esta es mi intención y, por otro, el aspecto moral me preocupa. Es decir, ¿es esta decisión la adecuada o implica romper la confianza que han depositado en mí? Todo sería más fácil si me hubieran dicho qué hacer. Esto es una falta de su parte y, en justicia, debo decir que es el único error que he visto en el Señor Dei noventa y ocho, que fue un señor que comenzó a dictarme cosas para usted. Porque, en efecto, no solo me prohibió darme a conocer a usted sino también a los demás corresponsales en España. En una ocasión planeábamos una reunión privada dirigida por un profesor de la Universidad de Madrid. Ya teníamos todo preparado y, entre los corresponsales, habíamos escogido entre los que estaban en Madrid, ya fueran ingenieros o físicos, es decir, los más importantes, para luego, después de acuerdo, invitar a los demás y exponer a los señores de Ummo el punto de vista de todos. Por eso no sé cómo (o más bien sí lo sé o me lo imagino) lo supieron, a pesar del secreto y del hecho de que escribíamos confidencialmente a todos esos señores. Lo supieron, como decía, y no se imagina en qué estado se pusieron. Me prohibieron, hasta que pasara “el tiempo” y ellos me lo autorizaran, intentar por mi cuenta hacerme conocer, porque sino romperían todo contacto. No se trataba de forzarme mediante un castigo sino por un compromiso moral. Usted entenderá que no es porque me hayan remunerado más o menos por mi colaboración que esto sería una traición, ya que si no me hubieran pagado, tampoco podría romper este compromiso. 839 / 1373