← Back to letters
Lettre Ummite#843

Carta Ummo 843

29/04/18 No me arriesgué a llevármelo y sin tocarlo con la mano, lo tiré al río. Pero todavía quedan porque si no hubieran retirado este, entonces no habrían retirado los demás. Creo que, por lo menos, sé dónde están otros dos. Además, sé dónde cayeron las bolas, a más o menos un metro, y tampoco los vi recogerlas, como tampoco creo que el río las haya arrastrado. Creo que dragando el Río sería fácil encontrarlas. Podría contarle otras cosas, Señora Araujo, ya que mi esposa y yo llegamos a conocer a quien fue la jefa de todos los suyos en este mundo y que vino a Madrid precisamente antes de que todos regresaran a Ummo en tres platillos voladores. Todo esto parece fabuloso pero es real y la prensa incluso lo publicó el 2 de junio de este año. Seguramente me preguntará, Señora Araujo, qué pienso de todo esto. No puedo dudar ahora, en esta etapa, que esos señores que conocí, que vinieron muchas veces a mi casa, que me dictaron cientos de páginas que a veces incluso ilustraban después, no vienen del planeta que ellos llaman Ummo. Y sé muchas cosas de ellos. Sé, por ejemplo, que hace diecisiete años vinieron a Francia por primera vez y que fue allí donde aprendieron el idioma y explicaron a otros toda la historia. Además, no solo yo sino también mi esposa fuimos testigos de cosas sorprendentes y desafío que un ingeniero las invente. Pero ahora todos se han ido a su planeta. Si queda alguno, no creo que esté en España. Seguro que no creerá esto, aunque le hayan hablado, pero sin haberlos visto, porque todo esto parece una novela y es normal desconfiar. Pero todo esto sucede porque por ahora no puedo revelarme ni aclarar todo esto. Si no dan señales de vida en un año o año y medio, creo que debo presentarme ante las autoridades, a usted y a otras personas para que entre todos aclaremos un asunto tan importante para España. Y no solo puedo presentar testigos sino también uno de sus aparatos. También tengo muchas cosas anotadas: matrículas de coches, nombre de un hotel donde sé que se alojaron, nombre de un comerciante que los conocía como turistas noruegos, una pensión donde vivieron casi una semana, papeles de ellos, inventos que pueden ser patentados, y un arquitecto que al final descubrí que sabe que son de Ummo y que incluso los ayudaba aunque tuvo el cinismo de negarlo (puedo demostrar que al menos envió un paquete a Australia una vez). Hablé con él y pese a mi promesa de silencio no tuvo la honestidad de reconocerlo. ¿Quién puede decirme que no he cumplido lo que me exigieron, pero tenga en cuenta que antes de irse, deberían haberme dado instrucciones precisas y no dejarme dudas? No creo perjudicarles si realmente se han ido. Tenga la seguridad de que si estuvieran aquí, sería incapaz de hacerles nada que les perjudique. La prueba es que hasta ahora he guardado silencio, al igual que mi esposa. Solo dos allegados lo saben también y nadie más de nuestro círculo de conocidos o antiguos compañeros de trabajo. Señora Araujo. Tengo algunas hojas que mecanografié, dictadas para usted. Me perdonará que no se las haya enviado, pero su partida trastornó todo eso. Después me fui de viaje dos veces, y sus papeles están sin grapar mezclados con otros. Recuerdo que se le enviaban a usted cosas de biología que es su especialidad. Ellos siempre sabían la especialidad de cada uno y enviaban cosas de la especialidad correspondiente. Espero no haberla aburrido con una carta tan larga, yo cuando hablo de ellos me entusiasmo y no sé parar, y podría hablar de esto días enteros. Con razón se dice que la realidad a veces supera la ficción y el cine. Quedo su atento y seguro servidor... 841 / 1373