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Lettre Ummite#891

Carta Ummo 891

Traducción de la leyenda de la foto de abajo: Original del signo Ummo, grabado en relieve sobresaliente a gran presión sobre el mortero en el lugar donde – según las investigaciones de F. Eguizabal – "los extraterrestres" acamparon esa noche. (Nota de J.P.: ¡nada corrobora la "gran presión"! Esta foto [inverificable, ya que su supuesto autor no ha podido ser ubicado ni encontrado] es diferente de la que tomó Farriols. Tiene el mismo valor que las supuestas fotos de los "tubos" de Santa Mónica. Piezas "para convencer", pero no concluyentes.) Una fotocopia que conservo cerca de mí (escrita por los mismos agentes del grupo Oummo) presenta una extraña explicación de las razones que los llevaron a dirigirse, entre otros, precisamente a uno de estos últimos, don Fernando Sesma, español que asocia a su verbo fácil y su agradable dialéctica una constelación de ideas delirantes. Así, el hermetismo celosamente guardado durante algunos años en otros países se rompió por el comprensible afán exhibicionista de un señor que quizás es el menos autorizado para presentar una versión coherente de este extraño asunto. Sus propios miembros del círculo me aseguraron que, en los pocos meses en que recibió páginas y páginas con descripciones de carácter científico (y aunque su nivel intelectual había sido verificado como muy inferior al de otros documentos análogos), el famoso profesor Sesma afirmó en una de sus febriles conferencias que todo lo relacionado con Oummo le parecía un fraude y por eso prefería quedarse con sus otros fantásticos "extraterrestres", que según su versión se transformaban en gatos y en mariposas. En resumen: excluyó de sus esquemas mentales una supuesta "civilización" porque el "profesor" no comprendía las fórmulas matemáticas ni los circuitos eléctricos de esas páginas, y porque los oummitas no hablaban en sus textos de números mágicos o seres alienígenas exóticos que ponen huevos. Otra cosa muy importante a mis ojos podría probarlo: pocos días antes del paso por la localidad de San José de Valderas y el extraño aterrizaje en las cercanías del Rancho-Restaurante actual "El Caney" de una singular nave circular en cuya base se podía distinguir el famoso signo de Oummo, y que el escritor español Antonio Ribera describe en sus obras, algunos ciudadanos españoles, entre los que se encontraba el Sr. Sesma citado, recibieron una misteriosa notificación en la que, además de hacer una descripción somera del vehículo, se adelantaba una fecha previsible para su aparición y una zona de algunos kilómetros de radio sobre la cual debería posarse dicha nave. El documento expresaba algunas amenazas veladas en caso de que las autoridades del mando aéreo interceptaran el vehículo. Fue frente a más de treinta personas que se leyó el texto. Entre ellas había licenciados, ingenieros, funcionarios del Estado, que firmaron al dorso para dejar constancia de su recepción previa. Se mantuvo un discreto silencio hasta que la prensa de la capital española dio a conocer el 2 de junio de 1967 la versión presentada por cientos de testigos. Un interrogador me preguntó cuándo se pudo constatar que todo eso había ocurrido tal como lo relato. ¿Por qué los firmantes no se lanzaron a explorar la zona en esas fechas? Sin embargo, eso fue precisamente lo que hicieron algunos de ellos, los menos escépticos. Un tal don Joaquín Martínez, a quien no he podido localizar, recorrió los alrededores de la ciudad armado con cámaras, otros deambularon por las carreteras cercanas sin entusiasmo excesivo, pensando esta vez que la carta anónima era producto de un desequilibrado. La amplia extensión de la zona descrita y la apatía unida a la falta de un programa coherente de exploración volvieron incapaces a los asistentes de esa histórica reunión, una ocasión difícilmente renovable. Fue entonces cuando el inefable señor Sesma abrió la caja de Pandora y desplegó ante la opinión pública todo el misterio de los agentes de Oummo, a través de un libro groseramente editado y aún peor escrito en el que el autor mezcla sus comentarios ingenuos y mediocres con los párrafos, menos interesantes y más superficiales, de los textos oummains que llegaron a sus manos. Hay que decir a su favor que en los escritos que le entregaron se observa un estilo y un carácter científico de valor limitado para corresponder al bajo estándar intelectual de las personas que forman habitualmente su círculo. El contraste con otras copias que poseo es evidente. (La página fotografiada que le envío corresponde a una monografía que fue recibida en Monterrey, México, el 7 de octubre de 1964). El sello que figura de pie fue impresa con una tinta de color oscuro, amarillento. Pero según lo que se ha mencionado tan a menudo, Sesma, aunque no parecía estar muy feliz entre algunos mensajes que traducían unidades físicas extrañas en su versión oficial de milibares, ergs y microvoltios, e incluso llegó a refutarlos como fraudulentos, se mantuvo entre los pocos especialistas informados de España y América del Sur como el "descubridor" de Oummo. La historia ya nos ha acostumbrado a estas ligerezas. Lamento, sin embargo, estar en desacuerdo con algunos de mis antiguos compatriotas que se atribuyen tal título. No niego la posibilidad de que alguien haya recibido en este país las extrañas cartas anteriores a México, pero las pruebas que poseo indican por el momento que no es así. En un próximo artículo, expondré mi hipótesis particular sobre el origen de estos comunicadores esotéricos. Mi viaje a España aclaró muchas ideas sobre ellos. Lástima que mis exploraciones alrededor del rancho "El Caney" no fueron tan fructíferas. El paso del tiempo debió borrar cualquier posible rastro del aterrizaje. Solo un anagrama impreso de manera borrosa en las paredes de una construcción en ruinas (ver la fotografía) podría dar alguna pista imperceptible. ¿Acamparon allí esa noche? Todo lo que podemos avanzar es que la perspectiva de este asunto está saturada de dudas, contradicciones y protegida por un muro de silencio que los iniciados guardan celosamente.