← Back to lettersHonorable Señor,
En su relato referido a los contactos que habría tenido con el visitante Atienza, usted dice continuar manteniendo relaciones mediante comunicación ideográfica de carácter telepático con él. Le pedimos que entre las cuestiones formuladas por usted, le solicitemos simplemente si está dispuesto (pues, hasta ahora, no nos ha sido posible iniciar contacto con esta civilización) a responder a nuestra pregunta formulada en código binario. Simplemente – REPETIMOS – saber si está dispuesto a satisfacer esta petición. La respuesta que dé dicho Señor Atienza podrá sernos comunicada a través de uno de sus artículos o bien, sugeriríamos otro medio para alcanzarnos.
El 28 de febrero de 1969 Donis recibe una nueva carta de los Oummains.
Honorable Señor,
Hemos leído su amable respuesta a nuestro mensaje. En este contexto, podemos observar con satisfacción que ha accedido calurosamente a nuestra solicitud. Solicitud que no estaba obligado a satisfacer y para la cual su actitud debe ser objeto de nuestra más cálida gratitud.
Es cierto que en ocasiones determinadas hemos logrado dar pruebas irrebatibles de carácter personal a algunos de sus hermanos de la TIERRA, aunque entonces adoptamos severas precauciones para evitar que una indiscreción o un cambio de actitud hacia nosotros por parte de estos OEMMI (hombres) pudiera perjudicar gravemente nuestras normas de secreto.
Estamos dispuestos, en su caso, señor Donis Ortiz, a ofrecerle nuestros servicios en caso de que usted se ofreciera como intermediario entre F. ATIENZA y nosotros.
Le transmitimos de inmediato el texto codificado que le pedimos hacer llegar a su comunicante extranjero proveniente del planeta URLN, desconocido para nosotros, tan pronto se produzca una coyuntura favorable para esta comunicación oro-telepato-ideográfica o transmitida por cualquier medio idóneo que usted estime técnicamente fiable.
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Le pedimos, en todo caso, que si obtiene una respuesta, no la divulgue por ningún medio de comunicación social. No podemos ejercer presión para que se cumpla este deseo, pero le rogamos encarecidamente que mantenga esta reserva.
Le informaremos sobre el medio para comunicarse con nosotros a la mayor brevedad y para hacernos saber que ha recibido la respuesta. Esto constituirá para nosotros un criterio que nos confirmará la idoneidad del testimonio de F. Atienza y una base para el caso de que desee nuevas comunicaciones con nosotros (tres últimos números codificados). Señor: Para nosotros este servicio es muy importante. Le conocemos por un relato impreso publicado en la publicación periódica L’ACTUALITÉ ESPAGNOLE...
Fecha: 5 de marzo de 1969
Tema: reunión en la casa de Donis
Ese día, cerca de la recepción de la última carta, tuvo lugar una reunión en casa de Donis, calle Antonia Mercé en Madrid, entre él y otras personas que recibían la correspondencia oummita, entre las que se encontraban Antonio Ribera y Rafael Farriols. El objetivo de esta reunión era leer la carta pero también aprovechar la ocasión para entregar a Donis una serie de preguntas que a la vez serían comunicadas a los Oummains. En un momento dado de la lectura de la carta, la criada avisó a Donis que alguien lo llamaba por teléfono. Interrumpiendo entonces la lectura, tomó la llamada y oyó una voz nasal que le pidió que «los hermanos reunidos en su domicilio no hagan preguntas a mis hermanos». Esta llamada pudo ser parcialmente grabada por Farriols, que colocó una ventosa en un segundo aparato. Según afirma Antonio Ribera en «OUMMO, la increíble verdad», esta grabación fue analizada por varios laboratorios de acústica nacionales y extranjeros y sus frecuencias «no son humanas».
(Primero de la serie de artículos publicados en L'Actualité Espagnole el 12/12/1968 n°884)
HE HABLADO CON UN SER EXTRATERRESTRE
Soy director de una importante empresa en el Levante español y me desplazo en auto muy a menudo entre las principales ciudades del Levante y Madrid. Tengo una casa en la capital de España y otra en la costa de Alicante. Desde hace un mes y especialmente los días 25 y 26 de octubre, tras haber ido a dos ciudades a dar conferencias, he recibido casi diariamente una especie de mensaje mental confuso que me anunciaba un próximo encuentro con un hombre extraterrestre. Como nunca tengo alucinaciones y casi no sueño, me sorprendió enormemente y lo olvidé pensando que se trataba de pensamientos absurdos. El día 12 del corriente (se trata del mes de noviembre de 1968), después de una jornada de trabajo normal y una entrevista con dos clientes en Valencia, cenaba en el pueblo de Chiva y me dirigía a Madrid con el triple objetivo de recuperar un SEAT 124 que me acababan de asignar (vendiendo el SEAT en el que hacía el viaje), inspeccionar y reexaminar el pabellón en construcción en el terreno de urbanización que había adquirido en las afueras de Madrid, porque una de mis hijas iba a vivir allí en unos meses. No había consumido alcohol y aquella noche había hecho una comida de lo más sobria. Tomé dos cafés como siempre hago cuando conduzco de noche. Estaba totalmente en forma para cumplir con un rápido viaje nocturno. Pero apenas al volante, empecé a recibir bajo forma telepática el mismo mensaje que mencioné, muy confuso al principio, luego cada vez con más precisión e intensidad, como si quien emitía esos pensamientos se acercara gradualmente a mí. El "mensaje" se concretaba, indicándome que no debía tener miedo y que el encuentro tendría lugar en el cruce del camino que lleva al parador del castillo de Alarcón. Seguí entonces la ruta de Valencia a Madrid a una velocidad muy inferior a la de mi conducción habitual.
Cuatro km antes de llegar al cruce que conduce al parador, los faros del 1500 comenzaron a parpadear y la combustión a disminuir, lo que hacía que el coche se detuviera. Al mismo tiempo, sentía como si alguien me hablara a corta distancia y desde arriba. El mensaje era ahora casi una orden amablemente imperativa: "Gira en la primera calle a la derecha. Nos vamos a encontrar. No tengas miedo. Será una experiencia de la que te felicitarás toda tu vida." Pensé que estaba sufriendo alucinaciones y que en esas condiciones no debía continuar mi viaje a Madrid, y me pareció prudente ir a dormir al parador (lo que inconscientemente era seguir la orden que me daban). En ese momento, era aproximadamente la una de la mañana. Intenté arrancar el motor sin conseguirlo. Pero, a cierta distancia del cruce, vi un camión que se dirigía a Madrid, le hice señas para que se detuviera, lo cual hizo. Le expliqué al camionero que el coche no arrancaba y tratamos de ponerlo en marcha sin éxito. Le pregunté tímidamente si no había recibido como un mensaje (me daba vergüenza explicar más completamente mi sensación a un extraño, temiendo que me tomara por loco). Creo que no le prestó atención, lógicamente preocupado por ayudarme a reparar el coche y volver a su camión rápidamente. Me dijo que me pusiera al volante para empujar el vehículo y así logramos arrancar el motor. Aceleré para evitar que se parara, él subió a su camión y yo lo precedí con mi coche; él quedó detrás mientras yo conducía muy despacio. (Por cierto, para mí sería muy interesante contactar con ese amable y servicial camionero a quien apenas pude darle las gracias). Algunos minutos después, llegado al cruce, tomé a la derecha en dirección al parador y cuando recorrí dos km por la carretera de desviación (siempre el mensaje en mi mente cada vez más preciso y anunciando el encuentro inminente), las luces volvieron a parpadear por falta de contacto de las bujías y el motor se paró. Apenas comenzaba a bajar una pequeña pendiente que terminaba en un coronamiento cuando vi delante y a mi izquierda un inmenso aparato de forma discoide que parecía un plato sopero invertido, de 15-20 m de diámetro, suspendido a tres metros sobre el suelo, con uno de sus bordes verticales tangente al plato que cubría el borde izquierdo de la carretera, y una torreta central de unos tres metros de altura. Estaba iluminado por una luz suave rosada que dejaba adivinar una serie de escotillas dispuestas en círculo. Recuerdo no haber sentido miedo, simplemente pensé: - ¡Caramba, era verdad! tanta había sido la preparación telepática perfecta. Bajo del coche detenido a la izquierda de la carretera y me quedo junto a él. Me sentía entonces un poco entumecido, moviéndome y respirando con dificultad, tenía la sensación de estar en un campo eléctrico de fuertes líneas de fuerza. Una de las escotillas de la nave se abre. Aparece una escalera telescópica extensible que baja unos tres metros hasta tocar el borde de la carretera y baja por ella un hombre que se dirige hacia mí con las manos y brazos abiertos. Se acerca a mí y puedo ver a la luz de la luna que en ese momento sale por mi izquierda. Parecía un hombre normal, de una estatura de unos 1,62 metros, delgado y de unos 50 años, vestido con una especie de mono de esquí de una pieza, con los pantalones ajustados a los tobillos, hecho de una bonita tela gris brillante. Se acerca a mí sonriendo: "Soy Francisco Atienza, descendiente de hombres de la Tierra pero nacido en otro planeta. Estuve en comunicación telepática imperfecta contigo para preparar este encuentro de paz y amistad." Tuve la sensación de que irradiaba ondas de comprensión, bondad y amistad. Me estrechó la mano. Observo que se da cuenta de mi malestar físico y siento que da una orden a la nave espacial. Las luces de ésta se apagan eliminando mi opresión. Me sentí mejor como si el campo eléctrico hubiera desaparecido. El hombre me dice: - Hace mucho frío (hablaba un perfecto castellano). ¿No estaríamos mejor en tu coche? Abre la puerta trasera izquierda y entra en el coche, me siento a su lado a la derecha. Él se sienta a mi lado.
Dejo encendida la lucecita interior de la 1500, las luces de cruce y las luces de posición.
- ¿Cómo es que hablas perfectamente nuestro idioma? le pregunto.
- Sí, así como inglés, francés, alemán y otros idiomas de Europa occidental. Aprendí a leer la mente de los humanos además de los conocimientos idiomáticos de mis ancestros directos que hablaban el antiguo castellano. Fija la vista en mis labios, deja de moverlos y sobre todo intenta escucharme telepáticamente. Tampoco es necesario que me hables. Yo leo tus pensamientos. Aquí está la prueba. Y su mano derecha sujetó suavemente mi muñeca izquierda.
En efecto, a partir de ese momento se estableció entre nosotros una conversación telepática más clara y precisa que si habláramos. Cuando de repente soltó mi muñeca, pareció un cambio de tono y volumen (más bajo) pero manteniendo la perfección de la transmisión.
Y comenzó a hablar.
Lettre Ummite#952