← Back to letters
Lettre Ummite#906

Carta Ummo 906

Madrid, 9 de junio de 1968 Señor VILLAGRASA Muy estimado señor, La presente le anuncia el envío de una de las copias del informe que trata sobre los oawôléa-ouéwa-oéme, que ustedes llaman platillos voladores. Supongo que ha recibido mi carta anterior a esta, en la que le explicaba todo, por lo tanto no necesito repetir el porqué de este envío. También he escrito a otros señores que me dejaron la lista, solo a aquellos que pueden entender debido a su profesión de ingeniero. No estoy obligado, pero estas cosas son importantes y usted sacará provecho más que yo, que no soy el destinatario. He acumulado retraso debido al gran número de páginas y no puedo dar a copiar a ningún extranjero, y aunque he hecho copias, solo puedo repetir que no es suficiente. Desde entonces no hay copia del primer original, excepto la que yo hice después. Lo he copiado lo más perfectamente que pude, porque en eso ellos son de lo más escrupulosos, no puede imaginar hasta dónde me puso eso en dificultades, luego, un día, cuando me di cuenta de que ellos eran de un planeta, tuve un shock y creí que estaban locos, pero cuando comprendí que decían la verdad y se confiaron en mí, comenzaron a ser más exigentes con el trabajo. Algo que nunca me dijeron es por qué no escribían sus cartas a máquina, si son tan inteligentes, también en eso lo son. Al principio no decía nada que pudiera hacer creer que no habían aprendido y eso me sorprendía. Pero una tarde, uno de esos señores se sentó y escribió algunas líneas, y noté que tecleaba con un solo dedo, el dedo medio derecho, tecleaba rápido como yo o más, pero aunque no sea mucho, porque yo también tecleo rápido, es raro porque si hago el trabajo, ellos pueden hacerlo sin testigos, ya que no sabían si iba a denunciarlos, gracias a lo que me dieron. Luego, eran muy escrupulosos en otras cosas. Insistían en que usara guantes elásticos y ellos mismos me traían papel en gran cantidad (este mismo es de lo que me queda), pero sin marca de origen para asegurar que no daban órdenes por capricho ni para tomarlos por maniáticos. Tenía la costumbre de dejar en las cartas y en otros lugares un margen a la izquierda del papel, pero ellos no, a veces me dejaban poner un margen pero casi siempre agotaban la hoja y no por falta de papel, hasta meterse en los espacios que se ponen entre las palabras, a veces porque insistían en poner guiones. Hacían cosas raras, por ejemplo mi máquina tiene dos signos de interrogación ¿ y ?, porque aunque sabían que en castellano el primero se pone arriba, me hacían ponerlos en ciertas cartas al revés, o sea los dos abajo, en cambio en otras no, a lo mejor no ponían ninguno, ni del 904 / 1373. Poner o no los acentos, y en cambio había letras donde discutían cada palabra conmigo, o si me saltaba alguna, no era necesario corregirla, y solo había que poner el papel en el carrito, de antes estaba claro que hacían todo con gusto y sin enfadarse, mucho menos regañar, no querían que usara mi papel cebolla y me traían muchas marcas, cada vez me decían qué marca usar. Todo estaba hecho para acostumbrarnos a la disciplina, porque entre ellos eran muy disciplinados y a menudo, aunque sin ofenderme, me hacían ver la poca disciplina que tenemos, porque el otro señor, del que recibía sus dictados y de quien hablo en la otra carta, que era más severo, escribía y luego corregía hasta el golpe si era fuerte o débil. Parece que el señor Dei noventa y ocho vino, era el mejor y el más conocido porque venía a menudo. Se sentaba en el sofá que estaba en el comedor o en mi sillón, si pasábamos por la oficina que tengo en mi apartamento, y cerraba los ojos para dictar. Les voy a decir una cosa que nadie creerá pero Dios sabe bien que no miento. Cuando llevaba tiempo escribiendo, un día me dijo: cometiste un error. Cuando escribo miro el teclado porque no aprendí el método a ciegas, miro y es cierto, me quedé estupefacto, él seguía con los ojos cerrados. Le pregunto si sabía por un truco de telepatía y me dice sonriendo que no, que no hay ningún misterio sino que al escucharme teclear, había notado que cada tecla tenía un sonido diferente, y así sabía en qué parte estaba, y además a veces se daba cuenta de algo pero, para no molestarme o para ver si corregía, no me decía nada y entonces después de eso y otras cosas, si alguien me dice que no son de Ummo, me quedo callado... Bien, dice que debía esforzarme en copiar respetando las líneas, los guiones y todo como querían. Revisa las cifras por si había cometido algún error y todo en general. Si cometí algún error, que a veces pasó, pues es inevitable, y también los signos de puntuación, aunque constata que ya en el original faltaban puntos y comas, porque hasta ahora eran raros, corrigen algunos y me dicen que no envíe los otros a propósito. Lo único que falta ya en el original, lo digo, son líneas censuradas, pero se entenderá que solo puedo copiar las del otro original no censurado. Lo único son las notas 16 y 17, después de haber escrito todo, no estaba seguro si estaban censuradas o no, las encontró porque las había perdido, pero como yo ya había hecho el trabajo, las envío y también esas copias entre otros envíos... (NdT: ¿Falta un pasaje aquí?) Pongo tachaduras en negro en mis notas escritas que no estaban en la copia original, para que se sepa que son mías, así (=) Como dibujo mal y además no son iguales, aparte de dar mucho trabajo, doy los dibujos a mi cuñado para que haga copias y luego corto el texto con la máquina y lo pego entre las hojas. Y no tengo nada que decir sobre este punto en particular. Continúo sin saber nada. Ahora, creo que están aquí de modo que no pienso moverme ni hacer nada más hasta que me llamen o vuelvan. Si les hice algo, Dios sabe que no fue intencionadamente y sé que no son vindicativos. Y nada más hasta mi próxima carta: ya saben que lamento no firmar, pero a ellos les irá bien y prefiero seguir su consejo de no dar mi nombre.