← Back to lettersVarias veces se ha formulado esta pregunta: ¿cuál es la razón por la cual el hombre es infeliz en la TIERRA? Usted mismo responde proporcionando una multitud de explicaciones simplistas que no convencen del todo. Casi siempre se limita a repetir ese viejo adagio terrestre: ¡El hombre es un lobo para el hombre! Pero su tragedia no se resolverá pronunciando bellas frases cargadas de amargas imágenes poéticas, o anunciando con una voz hueca una larga lista de causas problemáticas. Al contrario, necesita profundizar usted mismo en el fondo oculto de la estructura social para descubrir las causas reales. Analícelas y aplique luego las terapias adecuadas.
¿Qué hace cuando escucha estos párrafos? ¿Quizás los escucha discretamente, quizás con curiosidad? ¿Esperando la frase reveladora que en cuatro cortas palabras le dará la fórmula mágica capaz de colmar sus vidas de felicidad...? No, ni siquiera ese apetito naïf tiene su lugar en sus mentes. Está escuchando por simple curiosidad, especulando internamente sobre la posibilidad de que estas líneas hayan sido escritas por hombres de otro planeta o, por el contrario, esbozadas por un ingenioso bromista o un mitómano paranoico. Si apareciéramos en este momento por esta puerta, realizando un sorprendente prodigio técnico para probar nuestra identidad, usted se sentiría "fatuitamente" (NdT: neologismo) feliz por haber sido testigo de un encuentro fantástico. Se contentaría con haber sentido la intensa emoción de participar en un hecho histórico y, pasado el primer momento de asombro, superada la inicial y respetuosa inquietud que sin querer le inspiraríamos, seguramente se precipitaría torpemente para arrancar trozos de vestimenta o solicitar un autógrafo. El digno propietario de este establecimiento cambiaría el nombre de "café León" por "café del espacio" y haría proliferar en las calles adyacentes los puestos de helados y postales en color con la efigie del Señor Sesma Manzano, que nadie volvería a considerar un simple "excéntrico". Los periodistas se cansarían de escribir tonterías sobre nosotros en los periódicos, que al final servirían para envolver el pescado trasudado... Pero muchos de ustedes seguirían bostezando, al leer nuestros informes sobre sociología, sin tratar de descifrarlos, y mucho menos de poner en práctica sus orientaciones. El desprecio de las masas hacia la doctrina de Jesucristo continuaría y se perpetuaría la apatía general hacia todo lo que supone el estudio, la meditación, el análisis y los esfuerzos de aplicación.
¿QUÉ BUSCAN EN NOSOTROS, SI NO ES ESO? ¿Piensan ingenuamente que si realmente existimos debemos presentarnos ante la opinión pública demostrando la realidad de nuestra origen?
De esta manera - continúan razonando - podrían frente a los medios de la Tierra, formular esta declaración: y todos se beneficiarían: la prensa, la radio, la televisión del globo terrestre lanzarían a los cuatro vientos la noticia oficial de nuestra llegada. Además sugerimos: ¿acaso no son las ideas, los razonamientos, los que en sí mismos llevan la fuerza de persuasión? ¿Cómo sucede que ustedes, ahora, puedan escucharlos sin darles mucha importancia? ¿Tendrían más valor si las expusiéramos, vestidos con un traje fluorescente, frente a doscientos micrófonos y mil cámaras de televisión, en un parque neoyorquino, ante cientos de miles de personas? ¿Nos creen tan inconscientes como esos futbolistas de la Tierra que acumulan en los músculos de sus piernas todos los tejidos orgánicos que les faltan en el cerebro, y que se presentan a cada momento ante miles de sus seguidores fanáticos, perturbando la calma de la vida urbana?
Estamos hablando de una terrible desorganización de sus estructuras sociales. De esa cruel paradoja, sostenida por ustedes, que permite que unos pocos miles de individuos se distraigan en sus lujosos automóviles, mientras falta combustible para trasladar los excedentes agrícolas hacia la India, donde mueren millones de hambrientos, y ustedes desean que nos presentemos de repente en la plaza de la Concordia en París para que lleguen de todo el mundo miles de burgueses desocupados, con el único fin de satisfacer la curiosidad de ver hombres provenientes de un astro lejano...
¿Verían muy lógico un comportamiento tan insensato?
No es miedo lo que sentimos. Es pueril pensar que a su nivel social, podríamos sufrir por parte de los terrestres una persecución o daño físico. Son ustedes quienes realmente sufrirían los perjuicios del choque ciego de masas histéricas frente a lo sensacional.
Si piensan que hombres venidos de otros mundos (seamos nosotros o cualquiera) actualmente los están analizando, son más inteligentes o poseen un nivel cultural superior, sean al menos consecuentes y no juzguen que puedan presentarse ante la vista de la gente con la frivolidad de artistas de cine!!!
¿Hasta qué punto se han ido impregnando poco a poco de los lugares comunes de la ciencia ficción, de modo que esperan con una curiosidad primaria y morbosa, el momento en que apareceremos ante ustedes?
¡Examínense! Analícense ustedes mismos y reconozcan humildemente que muchos de ustedes no desean realmente aumentar su cultura con la que podemos ofrecer, sino por el contrario procurarse emociones fuertes, sentirse diferentes de los demás después de haber tenido la oportunidad de ponerse en contacto con nosotros.
No consideren estas críticas como una reacción de desprecio hacia ustedes. Decimos todo esto con amargura, conscientes de que al comportarse así revelan una estructura cerebral infantil en la cual las tendencias hacia los objetivos primarios y patológicos sustituyen a las motivaciones trascendentes y elevadas.
500 DESORGANIZACIÓN DE LA RED SOCIAL TERRESTRE.
Un pensador del planeta Tierra, Jean-Jacques Rousseau, postulaba que el hombre no es malo por naturaleza. Es el medio ambiente, es la sociedad, la que pervierte al individuo. Son los malos hábitos adquiridos por el niño en sistemas pedagógicos aberrantes los que confieren al ser humano esa huella de maldad que caracteriza su conducta social.
Pero: ¿hasta cuándo seguirán usando esos conceptos infantiles de hombres buenos y malos?
Los factores que influyen en la conducta del hombre no se pueden formular con tal simplicidad.
Para evitar razonamientos confusos con un lenguaje excesivamente técnico, les daremos un ejemplo simple:
Durante muchas generaciones, un magnífico reloj de oro ha sido objeto de la desafortunada curiosidad de los jóvenes miembros de una familia. Nadie sabe cuántas veces los niños han investigado su interior, desequilibrando los anclajes del escape, aflojando sus tornillos y desajustando sus pequeños engranajes. El reloj terminó por caer en un estanque fangoso.
Un día, pasaron por allí un tal Señor Rousseau y sus amigos y, al ver el reloj cubierto de limo y barro, comentó tristemente: —El reloj está bien; es el agua sucia y el barro lo que le impide funcionar perfectamente. Es el entorno lo que lo altera.
Uno de sus compañeros, después de sacarlo y examinarlo superficialmente, argumentó: —No: el reloj tiene un defecto de construcción. El responsable de su mal funcionamiento es el relojero.
En un informe anterior les recordábamos que el hombre HEREDA DE SUS PROGENITORES ciertos reflejos nerviosos que constituyen lo que vulgarmente usted llama INSTINTOS. Pero también su memoria subconsciente recibe, a través de vías genéticas, múltiples recuerdos del pasado. Imágenes que sólo afloran a veces durante esos sueños enigmáticos para ustedes, o en ciertos estados de catalepsia.
Pero lo que es aún más grave: en esas herencias que los genes transmiten de generación en generación y que usted ha recibido, se esconde toda una red de conexiones nerviosas o sinapsis condicionales, que constituyen las verdaderas razones de los futuros rasgos inexplicables de ciertas conductas.
La mentalidad de un psicópata criminal es consecuencia de un cerebro mal programado. Sus tendencias repulsivas, que lo empujan a violar a una niña muy pequeña y luego asesinarla despiadadamente, tienen como "sustrato" un código genético mal codificado en el que ciertos genes llevan normas aberrantes para el establecimiento de ciertos reflejos en el futuro cerebro del feto.
El hombre de la Tierra se ve, entonces, sometido a terribles presiones en todas direcciones, como un pequeño barco de madera carcomida en la turbulencia de una tormenta.
Inspirado por un alma pura y un cuerpo que, desde el punto de vista fisiológico, es una maravilla de construcción, se ve desde el primer momento como parte integrante de una gigantesca red social, como un nudo unido a otros nudos por múltiples arcos o conexiones, que funcionan de manera desastrosa; el hombre intenta infructuosamente establecer contacto con sus semejantes, armonizar con ellos para hacerse entender, sin lograrlo mejor que de forma mediocre.
Es el sistema de comunicación el que está fallando. No han encontrado el medio de comunicación, el lenguaje apropiado, la técnica de información adecuada que permita a los hombres entenderse, alcanzando así el máximo rendimiento de la red social.
Aparece así la situación paradójica de seres humanos que, estando rodeados de miles de millones de semejantes, se sienten terriblemente solos, incomprendidos, impulsados a realizar ciertos actos defensivos contra otros hombres, alterando aún más la red.
Y si al menos sus córtex cerebrales estuvieran bien programados, si su conexión nerviosa no estuviera viciada desde el momento de la fecundación por causas hereditarias que a su vez fueron producto de esa misma desorganización de la red social que vivieron sus antepasados…!
¿Qué le respondería usted a un pobre desgraciado preso en una celda húmeda, atado por sus extremidades y su cuello con collarines de hierro y sin otro compañero de celda que el eco de su propia voz reflejándose en las paredes desnudas, que le preguntara ingenuamente: cuál es la fórmula para ser feliz?
Se equivoca totalmente si piensa que existe una fórmula mágica, un dispositivo ingenioso, que en algunos instantes lograrían solucionar la desorganización de la red social del planeta Tierra y la morfología alterada de los cerebros humanos. Existen, sí, los procedimientos terapéuticos que pueden aplicarse a una escala macrosocial y con disciplina: sometiendo a todo el pueblo de la Tierra bajo la dirección de nuestros especialistas se lograría acelerar la evolución de todo el globo por caminos racionales. Pero el proceso sería lento y tendría que transcurrir entre 250 y 300 años terrestres antes de apreciar resultados sensibles. Pero estos supondrían que se sometan a una especie de dictadura paternalista, regida por tecnócratas venidos de otro planeta, que los tratarían como a niños. Pero ustedes tienen demasiado orgullo vanidoso para aceptar en bloque ese largo período de reeducación. Y consideramos inmoral obligarlos por la fuerza a someterse. No creemos válido el argumento ingenuo de algunos moralistas terrestres que postulan que es obligatorio para todo hombre impedir el suicidio de sus semejantes, y aunque asistamos horrorizados al espectáculo de una sociedad que, sin ser espiritualmente madura, juega con armas destructivas terribles, no tenemos la certeza absoluta de que el fin del planeta Tierra será necesariamente una hecatombe nuclear.
Si a escala social no podemos aportar soluciones para su curación, esperamos en próximos informes sugerirles ciertas normas que les ayudarán individualmente. Ustedes sufren, pues, una grave deficiencia. La falta de un severo espíritu crítico y, lo que es aún más grave y desconsolador: la falta de PACIENCIA. Esta IMPACIENCIA es característica de todas las personas que tienen un bajo nivel mental. Si observan el progreso de la Cultura en su planeta, verán que ha sido posible gracias al paciente trabajo de investigación en todos los campos de la Civilización. El TIEMPO es necesario para asimilar conceptos, para comprenderlos, y para “madurarlos”. Solo los retrasados mentales pueden creer que existe un método para fortalecer al hombre espiritualmente, método que se pueda condensar en unas veinte páginas mecanografiadas, y ser asimilado en dos pequeñas horas. Quienes no tienen suficiente paciencia para el estudio, la meditación y el análisis, pueden considerarse TOTALMENTE CONDENADOS. Pierden su tiempo escuchando nuestros informes, al igual que lo harán leyendo otros tratados escritos por especialistas de la Tierra, porque su mal consiste en una insuficiencia cerebral que solo podría tratarse mediante técnicas neuroquirúrgicas que ustedes no conocen. Ningún psiquiatra terrestre será capaz de curar ciertas formas de debilidad mental u oligofrenia en el nivel más bajo. Les decíamos que sus métodos didácticos presentan un grave defecto. Puesto que el hombre sometido a tales normas educativas sigue fracasando, pueden preguntarse: ¿son falsos los principios en los que se fundamentan estas normas pedagógicas? Nuestra respuesta es: NO: ABSOLUTAMENTE NO: Pueden ser insuficientes y algo viciados, pero los últimos pedagogos y especialistas terrestres “han dado en el blanco”. Pero en cuanto a ustedes, un pequeño detalle que es decisivo para que un plan de educación sea eficaz y fructífero les ha escapado de la conciencia. Lo vamos a explicar con un eje.
Lettre Ummite#183